viernes, 9 de julio de 2010

Chiquitos y raros

Como es conocido, el principal elemento de estudio en la paleontología son los fósiles. Ya sean fósiles de plantas o animales, los diferentes tipos de fósiles tienen su origen en diferentes especies o procesos de fosilización, y a cada uno se le pueden sacar información.


Ejemplo de una Diatomea, exoesqueleto de un ser unicelular que vive en ambientes acuáticos, su presencia en el sedimento implica la presencia de cuerpos de agua en el pasado. Fotografía de Hannes Grobe.

En parte, la tarea de un paleontólogo consiste saber extraer la información contenida en un fósil. Al igual que en un caso policiaco atendido por un detective obsesionado, el paleontólogo debe descifrar tanto como se pueda, so solo importa como murió lo que sea que haya dejado el fósil, también es relevante saber como vivía, con quienes se relacionaba e inclusive como fue el mundo que habitó. Datos como si el ser fosilizado vivía en el agua o en tierra firme, que comía y como conseguía su comida, como se defendía y/o atacaba, y si es posible, saber también el clima, geografía y localización del hogar del ser en cuestión. Por otra parte, la tarea del paleontólogo consiste en saber introducir la información obtenida en un contexto mas grande. Es decir, asumamos que aprendimos todo lo posible sobre alguna especie en particular, nos quedaría preguntarnos ¿que papel jugó en el ecosistema de su tiempo? y sobre todo ¿que nos enseña sobre la evolución, tanto de las especies como del planeta? ¿que aprendemos sobre los métodos de investigación?

Para ayudar con este propósito, tenemos algunos indicios muy claros. Por ejemplo, la forma los dientes; mientras que los dientes alargados y afilados indican una dieta carnívora, los planos y bajos indican el consumo de vegetales. Así, podríamos encontrar un fósil parcial, es decir un pedazo del animal únicamente, como un solo diente o un segmento de mandíbula, y sabríamos que en ese lugar, en la era de que el animal vivía, al menos una especie de depredadores habitaban el lugar.


Ejemplo de un Acritarco, fósil microscópico que no se puede clasificar por alguna razón, tal como estar incompleto o carecer de elementos distintivos.

Pero existen unos fósiles que si bien no tienen el glamour de los dinosaurios o tiburones primitivos son de lo mas interesantes , estos son los microfósiles. Estos son los restos fosilizados de seres microscópicos, desde el plancton hasta algas unicelulares. Los microfósiles son de los ejemplares mas abundantes que cualquier época pasada nos haya dejado. Como en todos los ecosistemas, las especies microscópicas son mucho mas abundantes que las macroscópicas, y esto, junto con el hecho de que muchas especies microscópicas tienen un exoesqueleto compuesto de minerales y que por lo mismo dura bastante tiempo, lo cual es ideal para la fosilización.


Otro microfósil, este es un grano de polen de hace 250 millones de años.

Y al poseer un genoma mas sencillo y tener tiempos de vida mas corto (lo que implica generaciones mas cortas, en contraste con especies mas longevas como nosotros, donde las generación dura mas de 20 años) su evolución es mucho mas rápida (entre ellos una generación puede durar minutos u horas) . Esto implica que el exoesqueleto puede cambiar en relativa rapidez, ya que una especie aparecerá y desaparecerá en cuestión de poco millones de años o inclusive menos. Por lo tanto algunos microfósiles dejarán exoesqueletos muy distintivos y fáciles de rastrear con los cuales se podrían saber una variedad de datos. Por ejemplo sabemos que una especie dada habitará en un momento dado en algún ecosistema específico. Si bien se presentará una tendencia a expandirse pero esto tendría que ser de forma gradual.

Por lo tanto la identificación de microfósiles en un lugar nos puede revelar cierta información. Por ejemplo, en las costas de Brasil y Gabón (costa oeste de África) se han detectado de estos fósiles de seres unicelulares que vivían en lagos, por la similitud se ve que la especie fue originaria de algún lago en particular y se extendió a las regiones adyacentes. Pero estas criaturas no eran del tipo que soporta agua salada, por que es imposible que cruzaran el Atlántico. Esta evidencia apoyó la afirmación de la Tectónica de placas, ya que implica que Brasil y Gabón debieron de estar colindándose mutuamente en algún punto del pasado. Datando los fósiles se concluye que un continente que incluía a Sur América y África juntos existía en el hemisferio sur y que este supercontinente tenía en su centro una larga fisura que corría de norte a sur a lo largo de la cuál se separaría y la que se transformaría en el océano Atlántico, la misma fisura tenía aproximadamente por el centro una región de lagos donde habitaban las pequeñas criaturas que dejaron los microfósiles que encontramos 130 millones de años después. Este escenario concuerda a la perfección con el modelo actual de la deriva continental.


Simulación de la deriva continental, nótese como en un periodo centrado en hace 135 millones de años Sur América y África se encontraban unidas.

Pero los microfósiles tienen una gracia adicional, debido a lo sencillos que son, basta con un segmento para poder reconocerlo u obtener información, incluso aquellos que no se sabe en que clasificación caen, los "acritarcos" puede revelar datos interesantes. No es una perdida muy grave no poder clasificar a un segmento de microfósil si sabes que era de un animal marino o si conoces su edad (determinada por algún factor externo al fósil) y encuentras mas segmentos parecidos en otro lugar, puedes concluir que ambos terrenos son de aproximadamente la misma edad. Así que como vemos estos restos de seres vivos, aunque sean acritarcos pueden ser de gran utilidad, inclusive para que los fósiles mas grandes y llamativos se puedan situar en un mejor contexto.


Otro ejemplo de un Acritarco.


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